Lelistofeles

Hay gente que ha tenido una mascota, yo no. Sólo un perrito podría obtener este título, pero al ser más inteligente que yo, decidió morderme, con lo que mi madre lo despachó a cajas destempladas, y él, se libró de mí.

Pero para mí, la verdadera mascota, fue lelistofeles. Que quién era, un gato. Un gato normal de esos que van por los tejados, libres, sin hacer daño a nadie. Lelistofeles apareció por nuestro patio un buen día, le dimos de comer una sardina, y se quedó. Así que tuvimos que inventárnoslas para darle de comer cada día. El nombre se lo pusimos, porque en aquellos tiempos y por la radio, me parece recordar que el sábado por la tarde, daban un programa en donde el presentador aseguraba tener un gato, “al que llamaba, lelistofeles, sólo para despistar”
De esta manera, nuestro nuevo amigo se pasó a llamar como el de la radio, lelistofeles. Cuando lo llamabas, te miraba con cara inteligente, juntaba sus orejas y movía la cola. Siempre pensé que el nombre que le habíamos puesto, le gustaba. Además sonaba a inteligente, a filósofo.
Por las noches desaparecía, entonces no lo entendía, ahora me doy cuenta de que debería tratar de un gato bastante mujeriego o debería decir: “gataniego”. Durante el día dormitaba en nuestro patio, se comía las raspas de las sardinas y alguna que otra exquisitez con que lo obsequiábamos. Vecinos y amigos contribuían en su alimentación, y pronto fue el gato de todos. Se paseaba por terrazas y patios y escogía el manjar que más le apetecía. Jugaba con unos y con otros, hasta que un día sin mediar explicación alguna desapareció, en vano lo estuvimos llamando y poniéndole los platos que más le gustaba, no volvió nunca más. Quizá encontró la Gata de su vida y tuvieron gatitos, o quizá encontró la casa de su vida, en donde en vez de darle las sobras, le preparaban la comida que le gustaba.
Hoy 50 años más tarde he recordado aquel hecho. Rápidamente me he puesto a buscar su nombre en internet, por si formaba parte de la tradición Griega o Romana, que esto de la filosofía, nunca lo he llevado muy bien. Pero nada, no existe, ni ha existido nadie llamado lelistofeles, ningún buscador lo ha encontrado, y hoy en día ya se sabe: si no está en internet, no existe.
Así que en su homenaje, o en el del supuesto gato del periodista, abro este Blog, asegurando que, como hizo un día lelistofeles, de pronto dejaré de escribir y marcharé sin decir ni pio, y que este nombre, solo es para despistar.

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